rebenque
Sunday, April 30, 2006
Para la noche nadie pinta igual
Después de la cena convenimos en tratar de amasar todos los papeles de las bolsas negras de una vez por todas. El segundo preguntó que si era eso lo necesario en realidad, tener todos los papeles juntos con las ideas abortadas y un camino cada vez más negro que era la carretera apuntando como a un hoyo prolongado en un intestino, sin esfínteres, tracto largo intertminable. Todos los papeles, dijo el cuarto, se quedan en las bolsas hasta que amanezca, las humedecemos con la niebla de la mañana y hacemos la esfera. El tercero levantó un poco la cabeza, nos miró, se tocó los testículos para ver si aún seguían ahí, y sacó un papel de la bolsa. Los demás nos sentamos en el arcén, después de veinte minutos de haber dejado el merendero atrás. El tercero permaneció de pie y comenzó a leer con la voz lenta y pastosa de un ebrio; después, la voz de un retrasado mental, tragándose las letras, leyendo como a saltos de renglón; después, con los brazos levantados, la hoja flotando en el aire y nosotros ignorándolo cada vez más. Cuando supimos que el tiempo de la noche se haría más largo conforme el tercero siguiera escribiendo, optamos por callarlo de una vez por todas y pensar en la tontería de creer que nosotros ponemos en marcha las horas, y que cada estado de ánimo tiene la forma de lastrarnos la paciencia. El segundo lo pateó en la espinilla izquierda y el tercero comenzó a llorar desconsoladamente, gritando a ratos que necesitaba a su madre, que por el amor de Dios lo lleváramos a con su madre. De pronto se calló, terminó el lloriqueo como si jamás hubiera comenzado. Se arrodilló al final de la línea que formábamos, miró en sentido contrario a nosotros, dando la espalda a la carretera, sacó su pene y se masturbó.
-Ten el miedo.
-Ya lo llenaste de saliva.
-Mi vida se podría cambiar por el estrago de la corriente eléctrica.
-La maravilla de la tierra es su ciencia.
-La mente vacía con sangre se colma.
Friday, April 07, 2006
El cuarto y el quinto
Podríamos haber tomado la decisión definitiva de romper la tregua con nuestras necesidades, pero no podíamos porque nos faltba esa neurona que mi prima decía requeríamos para tomar el toro por los cuernos. Pero eso del toro me sonaba muy extraño porque inmediatamente pensaba en el contorno de la mesa en que la mujer de la película dejaba el bolso, la misma mesa que algunos instanes después servía de repositorio invertido a la cabeza de su amante, arrojado para quitárselo de encima. Los bordes de la mesa me decían que el toro por los cuernos era nada más y nada menos que esas dos líneas en ángulo recto que nacían en la frente del occiso y se reencontraban de nuevo después de otros ángulos menos importantes.
-Ya estás imaginando cosas extrañas de nuevo, pendejo.
-Lo siento.
Los cinco recogimos las bolsas del suelo y caminamos un trecho hasta la casita de láminas donde se ofrecía comida. Los dueños del lugar nos observaron desde el borde quisio de la puerta, el hombre dijo algo a su mujer y ella entró de nuevo. De lejos nos preguntó qué quieren. El cuarto avanzó un poco más aprisa y lo calmó con unas palabras. El segundo comenzó a rascarse la nariz hasta sangrar, de nuevo. El tercero miró al suelo hasta comenzar a babear. Yo los veía sin tomar en cuenta la entrevista entre el cuarto y el señor del merendero. Las luces del sol, que para mí eran muchas porque seguía viendo las líneas en todos lados, redujeron en cantidad mientras que del otro lado de las montañas la noche o el Pundonor, como decía el primero, crecía tan lento que podía resolver una raíz cuadrada de dos dígitos antes de notar el movimiento. El señor y el cuarto acordaron algo que no quise atender y entraron. Al salir, nos dieron una cerveza y un plato de comida a cada uno. El cuarto comenzaba a desesperarse por todo, pero lo disimulaba con una indiferencia parecida a la corriente eléctrica que daba gusto. Si nos van a ignorar de esa forma, bien. Si tenemos que seguir levantando piedras sin que nadie pregunte por nosotros, bien. Si la muerte... pero eso no existe, y no nos interesa.
Wednesday, April 05, 2006
Cancela todo
Teníamos la manía de tomar todo tan a la ligera que nombrar una sola cosa se volvía un juego de azar. Los otros nos miraban tan a disgusto que nos fue necesario abandonar la ciudad en el primer vehículo rosa que apareciera. Permanecimos tres días en el mismo lugar. Durante ese tiempo cada uno revisó los papeles guardados en bolsas plásticas tratando de rescatar algún tema para soportar la espera bajo el sol. Uno abanicó las hojas disponiéndolas en triángulo para remediar la canícula, pero un segundo manoteó para tirarle los escritos al suelo y gritar tres balbuceos hasta entonces jamás articulados. Teníamos la cuenta de algunas palabrotas inventadas y encontramos la manera de pensar que manteníamos un orden aunque recomenzaramos a listarlas cada veinte o cinco minutos. Hasta que el auto rosa se detuvo y subimos, sin saber a bien lo que el cuarto habló con el conductor. Puse el rostro en la ventanilla porque era yo el quinto y me tocó extremo. La carretera avanzaba como todas las cosas que había olvidado, ya no sé si voluntaria o involuntariamente, la carretera me divertía como si pudiera imaginar la explicación de todas las razones geométricas de las formas, aunque me bastara pegarle un adjetivo gutural a la idea con una chinche.
Si nos hubiéramos visto la cara desde otra persona, es probable que nos entráramos a patadas para probar qué tan idiotas estábamos, pero la sola idea de pensar en ser violentos con nosotros mismos nos hacía desistir de tantas diversiones que lo único que nos quedaba era voltear a otro lado y calmar nuestra sed con un trago de agua.
Al bajar del auto el cuarto habló un poco con el conductor y se dieron la mano. Cinco pobres diablos con bolsas de basura y gabardinas grises, caras lozanas y ausencia total de un proyecto.
Monday, April 03, 2006
Mario Santiago en la Guerrero
-Que traigan tres o cuatro maneras de perder el miedo
y las pongan junto a la marea para que resistan,
prueben la justa medida de tenerse en pie como la gente
y remilguen de avanzar tan lejos como el dueño del dicho
que reza "tú pones las nalgas
y yo la realeza"
Así nos gritaba de lejos el monje,
no otra cosa que el teporocho letrado de cualquier esquina
ignorado por la gente y no los días
de guardar y ser buscado.
-Uy, bola de cabrones, si ven la banqueta de cerca la mierda parece más recta que sus pantalones.
Mario soltó una risa tremenda y apuntó dos o tres versos
(quiero imaginar)
mientras la noche esperaba reiniciar el vuelco de la seguridad estrafalaria
de un infrarrealista pobre
como Miller
asaltando refrigeradores por la madrugada.
-Y ustedes, cabrones, por qué no miran a otro lado, que este bulto va de largo por la comidilla de las bestias.
Rebenque
Inicié este blog porque tenía que trabajar y no tenía ganas de hacerlo. La gran parte de las cosas que hago comienzan así, sin querer hacer lo que tengo que hacer. Si todo mundo hiciera lo que tiene que hacer, este mundo sería más aburrido que la plancha con que describían los surrealistas el amor. Más aún, si todo mundo escribiera lo primero que le viniera a la cabeza, el mundo terminaría por parecerse a una plasta de máquinas derretidas por la ráfaga de un impulso pusilánime.
Para crear este blog apunté a tres palabras del diccionario y di con esta,
rebenque. (Del fr.
raban, cabo que afirma la vela a la verga). m. Látigo de cuero o cáñamo embreado, con el cual se castigaba a los galeotes. // 2.
Mar. Cuerda o cabo cortos. // 3.
Am. Mer. Látigo recio de ginete.
Y como nadie va a leer esto, me propongo realizar mi disciplinada estrategia de escritura automática, la cual consiste no en las mamadas surrealistas que tanto nos entretiene de vez en cuando, sino a no eliminar más de dos palabras continuas mientras se tecléa, es decir, escribir sin pensárselo mucho y ver qué pasa. Lo que supongo traerá la ventaja de ver cuáles son mis vicios, o de dónde obtengo fuerzas para eliminarlos, o algo así, aunque la redacción tenga errores.
Pues bien. Salud.
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