-Que traigan tres o cuatro maneras de perder el miedo
y las pongan junto a la marea para que resistan,
prueben la justa medida de tenerse en pie como la gente
y remilguen de avanzar tan lejos como el dueño del dicho
que reza "tú pones las nalgas
y yo la realeza"
Así nos gritaba de lejos el monje,
no otra cosa que el teporocho letrado de cualquier esquina
ignorado por la gente y no los días
de guardar y ser buscado.
-Uy, bola de cabrones, si ven la banqueta de cerca la mierda parece más recta que sus pantalones.
Mario soltó una risa tremenda y apuntó dos o tres versos
(quiero imaginar)
mientras la noche esperaba reiniciar el vuelco de la seguridad estrafalaria
de un infrarrealista pobre
como Miller
asaltando refrigeradores por la madrugada.
-Y ustedes, cabrones, por qué no miran a otro lado, que este bulto va de largo por la comidilla de las bestias.