Podríamos haber tomado la decisión definitiva de romper la tregua con nuestras necesidades, pero no podíamos porque nos faltba esa neurona que mi prima decía requeríamos para tomar el toro por los cuernos. Pero eso del toro me sonaba muy extraño porque inmediatamente pensaba en el contorno de la mesa en que la mujer de la película dejaba el bolso, la misma mesa que algunos instanes después servía de repositorio invertido a la cabeza de su amante, arrojado para quitárselo de encima. Los bordes de la mesa me decían que el toro por los cuernos era nada más y nada menos que esas dos líneas en ángulo recto que nacían en la frente del occiso y se reencontraban de nuevo después de otros ángulos menos importantes.
-Ya estás imaginando cosas extrañas de nuevo, pendejo.
-Lo siento.
Los cinco recogimos las bolsas del suelo y caminamos un trecho hasta la casita de láminas donde se ofrecía comida. Los dueños del lugar nos observaron desde el borde quisio de la puerta, el hombre dijo algo a su mujer y ella entró de nuevo. De lejos nos preguntó qué quieren. El cuarto avanzó un poco más aprisa y lo calmó con unas palabras. El segundo comenzó a rascarse la nariz hasta sangrar, de nuevo. El tercero miró al suelo hasta comenzar a babear. Yo los veía sin tomar en cuenta la entrevista entre el cuarto y el señor del merendero. Las luces del sol, que para mí eran muchas porque seguía viendo las líneas en todos lados, redujeron en cantidad mientras que del otro lado de las montañas la noche o el Pundonor, como decía el primero, crecía tan lento que podía resolver una raíz cuadrada de dos dígitos antes de notar el movimiento. El señor y el cuarto acordaron algo que no quise atender y entraron. Al salir, nos dieron una cerveza y un plato de comida a cada uno. El cuarto comenzaba a desesperarse por todo, pero lo disimulaba con una indiferencia parecida a la corriente eléctrica que daba gusto. Si nos van a ignorar de esa forma, bien. Si tenemos que seguir levantando piedras sin que nadie pregunte por nosotros, bien. Si la muerte... pero eso no existe, y no nos interesa.