rebenque

Sunday, October 15, 2006

 

El arco iris

Ella gemía con las fuerzas de un levantador de pesas. Cada parte de su cuerpo demostraba una firmeza de no tener nada qué hacer más que respetar la carne. Nada de carne roja. Sólo sus senos se balanceaban en estertores con cada arremetida. Terminó la faena y recuperó lentamente el aliento. Miró al autor a los ojos. ¿Ya viste cómo nos miramos?, ¿Cómo?, No lo sé. Acarició su rostro, rió un poco. Parecía contenta de tener una cama segura y todos los elogios del mundo. Una mujer hermosa debería ser así, y no como el resto de mujeres hermosas, llenas de algo que impide a los hombres conocerlas a fondo, como una serpiente vacía. El autor conocía a su mujer, aunque siempre había logrado evitar el posesivo de "su mujer". Ninguno de los dos pertenecía a nadie, pero, en el momento de sentir el calor de los líquidos, negar que aquellas tetas eran de él o que la verga pulsante sólo podía coger así con ella, sería anticlimático.

Después del orgasmo regresaba al lugar de donde ella venía, alguno entre la soledad sin temperatura y la convicción de estar enamorada sin querer aceptarlo por miedo, y se levantaba, buscaba su ropa interior percudida y le daba la espalda al autor unos momentos. Él preguntaba si estaba bien, si quería más u otra cosa. Ella respondía volviéndose del encanto y sonriendo con paciencia. Él sabía que algo andaba mal desde el principio. Por eso había comenzado a escribir las historias negras. Una mujer muere atropellada después de ver a su novio con un ramo de rosas; una mujer muere violada en un campamento a la orilla del playa por un grupo de pescadores negros; una mujer muere en la carretera después de un viaje en el que no respondía los mensajes de nadie; una mujer se suicida dos semanas despúes de haber probado LSD; una pareja se odia para no olvidarse.

Cada semana las preguntas regresaban. Todas las dudas y el comienzo de cero. Y aún así algo había en ella. Hablaba de un daño que deseaba evitar y el tantísimo amor que sentía por la vida, mientras permanecía emparedada entre dos bloques de hielo brumoso.

Ella se levantó de la cama a tomar un poco de agua. El autor disfrutaba ese momento en el que la fragilidad tenía la cara de una niña que no sabe nadar luchando por salir a la superficie.

Comments:
snif.
 
estas cabrón, muy muy cabrón
 
Leerte es como reflejarse en la parte más obscura de nuestro infinito autodesprecio y aun así sentirse aliviada. Tienes grandes frases.Te quiero!
 
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