"Maneras de seguir andando" en un manual encontrado en la lagunilla, dijo el autor. Quisiera encontrar algo mucho más interesante en la turrutera de libros. Un cuate venía aquí seguido a buscar ediciones viejas de revistas de mujeres desnudas, que esas sí eran bellezas naturales y no mamadas. Algunas veces lo logró. Pero este manual es verdaderamente asombroso, siguió el autor; dice que para mantener una buena digestión uno debe procurar mover los brazos en sentido contrario a las piernas, derecha-izquierda, y al revés. Si desea tener mayor resistencia en el acto sexual, respire con la parte baja del abdomen mientras camina, y relaje los hombros. Si desea tener una memoria de elefante, respire de la manera antes indicada y cuente uno uno dos dos y así sucesivamente mientras inhala y exhala. Había muchas otras formas de andar: con los pies muy juntos para aliviar el estriñimiento, con zancadas largas para remediar la amenorrea, y con los brazos pegados al cuerpo para evitar la paranoia.
Algunos puestos más allá un estéreo tocaba a los Beach Boys, "Barbara Ann". Me acerqué, dijo el autor, y miré los viejos discos de vinyl. Deletreé la palabra mentalmente y pregunté al encargado si tenía algo de Leonard Cohen. El hombre me miró, hizo una mueca, de esas que los cineastas encuentran incómodas porque no saben cómo escribirlas en el guión, y se levantó de su lugar. Preguntar por un disco de Leonard Cohen en un puesto de la Lagunilla me parecía un rito de iniciado o un grito desesperado porque algo sucediera en mi vida, dijo el autor. El hombre, playera blanca y pantalones cafés, sacó una caja. Me hizo una seña para que me acercara y viera si algo me gustaba, dijo el autor. Había muchas cosas: un disco viejo de Satie por un cabrón que no conocía, el
What's Going On de Marvin Gaye, en donde lleva una gabardina de cuero con las solapas alzadas como preparado para la tempestad, y finalmente
The Future, un corazón azul con bordes, un colibrí y unas esposas de policía sosteniéndolo todo. Pregunté el precio. El hombre, con la mirada en otra cosa, talvez sobre los senos desbordantes de la vecina de puesto o las piezas de auto que llevaban dos jóvenes vestidos de blanco, contestó. No regateé.
En casa me tumbé en la cama unos momentos pensando en si existía en aquel manual un paso para contener los gases. Un grupo de coristas y una banda sencilla acompañan al cantante, como en un bar de luces de neón, esperando la paga de la noche y un buen pedazo de carne entre las piernas.
Things are going to slide, slide in all directions
Won't be nothing
Nothing you can measure anymore
The blizzard, the blizzard of the world
has crossed the threshold
and it has overturned
the order of the soul
El autor se levantó hacia la ventana. Corrió las cortinas.