Si durante todo ese tiempo hubiéramos tenido nombres, las confusiones nos hubieran permitido obtener algo más que silencios a medias. En el Camión todo mundo ecuchaba al conductor como quien mira al señor presidente de alguna mesa directiva que reseña las actividades de la organización. Me di cuenta de que en mi vida podía acumular algunas horas de atención al exterior, sólo algunas. Cuando el quinto habla, por ejemplo, veo su boca y ademanes, pero no lo entiendo, finjo comprenderle pero pienso más en cómo la carretera se abre con la luz del día.
-Vayanse a la mierda -dije sin el menor rencor. Los otros cuatro miraron a otro lado y comenzaron espurgar sus bolsas con papeles. Me detuve. Todo había desaparecido. Pensé en ese volumen en el librero que imagino en ocasiones chupando al resto, arrastrándolos a sí mismo para hacerlos callar. Posiblemente sea el efecto de leerlo lo que causa mi desánimo para pasar a otra historia. Acumulé papeles sin sentido en un bolsa de plástico para hacer una esfera de garabatos amasados. Los cuatro podrían extrañarse de mi conducta, pero no saben tener ahora una referencia para lanzar pedradas a algún lado, nos falta una fuerza que azote con todo hacia algún lugar, contra algún árbol, contra nosotros mismos.
Me detuve. Pensé el frío y la tormenta.